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PENTECOSTÉS
Con la fiesta de Pentecostés
cerramos el ciclo Pascual, es decir, el ciclo de la
celebración y reflexión anual del fundamento de nuestra fe:
la Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
Pentecostés quiere decir
cincuenta días. Recuerda y celebra el misterio que relata el
Libro de los Hechos de los apóstoles, de cómo, luego de la
ascensión del Señor, los apóstoles tuvieron una honda
experiencia del Espíritu Santo en sus vidas. De esa
experiencia nació la Iglesia.
Pentecostés era una de las
tres grandes fiestas judías; durante esos días, muchos
israelitas peregrinaban a Jerusalén para adorar a Dios en el
templo. La venida del Espíritu Santo en el día de
Pentecostés no fue un hecho aislado en la vida de la
Iglesia, sino un acontecimiento fundamental. De hecho,
Pentecostés, es el aniversario del nacimiento de la Iglesia.
Este día marca el comienzo de la Era cristiana. El mensaje
de la muerte y la resurrección de Jesús debía ser proclamado
a todo el mundo. Para eso los discípulos necesitaban de la
presencia del Espíritu Santo, para que les diera valentía,
fuerza y sabiduría. El Espíritu Santo sigue trabajando hoy
en día: desde el momento en que nacemos; nos da fuerza,
valentía y sabiduría para ser a su vez discípulos de
Jesucristo.
La gracia de Pentecostés es
parte del aspecto esencial del Plan de Dios y del misterio
Pascual: por causa del pecado, los seres humanos perdimos
esa primordial relación de amistad con Dios. De ahí la
necesidad del misterio pascual, del cual forma parte la
gracia de Pentecostés. Ésta fue experimentada por primera
vez por Jesús, el día de su Bautismo en el río Jordán, como
anuncio de lo que iba a venir.
La gracia de Pentecostés es
la activación del poder del Espíritu ya recibido en el
Bautismo, pero ahora activado y liberado para servir al
Reino de Dios; da poder al individuo para actuar en nombre
de Jesús en favor del Cuerpo Místico de Cristo, que es la
Iglesia, y para su fortalecimiento. Es para todos, aunque no
todos la reciban.
El papel del Espíritu es
santificar y dar autoridad a aquellos que están redimidos y
reconciliados, para que puedan ser testigos y sirvan como
discípulos de Jesús.
Como creyentes en el Espíritu
Santo tenemos el deber de anunciar que Cristo ha muerto y
resucitado para nuestra salvación. El Espíritu Santo nos
mueve a la oración, a la lectura y meditación de la Biblia;
es quien nos impulsa al sacramento de la reconciliación, a
levantar el corazón a Dios. Debemos frecuentar el trato con
el Espíritu Santo, ya que es El quien nos santifica, quien
nos acerca más a Dios. El es el protagonista de nuestra
santificación.
ORACION POR LOS SIENTE DONES DEL ESPÍRITU
Ven,
Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y
enciende en ellos la llama de tu amor. Oh, Dios, que con
la luz del Espíritu Santo iluminas los corazones de tus
fieles, concédenos que guiados por el mismo Espíritu,
disfrutemos de lo que es recto y nos gocemos con su
consuelo celestial.
1 Ven,
Espíritu Santo, por tu don
Sabiduría,
concédenos la gracia de apreciar y estimar los bienes
del cielo y muéstranos los medios para alcanzarlos.
Gloria
2 Ven,
Espíritu Santo, por tu don de
Entendimiento,
ilumina nuestras mentes respecto a los misterios de la
salvación, para que podamos comprenderlos perfectamente
y abrazarlos con fervor. Gloria
3 Ven,
Espíritu Santo, por tu don de
Consejo,
inclina nuestros corazones a actuar con rectitud y
justicia para beneficio de nosotros mismos y de nuestros
semejantes. Gloria
4 Ven,
Espíritu Santo, por tu don de
Fortaleza,
fortalécenos con tu gracia contra los enemigos de
nuestra alma, para que podamos obtener la corona de la
victoria. Gloria
5 Ven,
Espíritu Santo, por tu don de
Ciencia, enséñanos a vivir entre las cosas
terrenos para así no perder las eternas. Gloria
6 Ven,
Espíritu Santo, por tu don de
Piedad, inspíranos a vivir sobria, justa, y
piadosamente en esta vida, para alcanzar el cielo en la
otra vida. Gloria.
7 Ven,
Espíritu Santo, por tu don de
Temor de Dios, hiere nuestros cuerpos con tu
temor para así trabajar por la salvación de nuestras
almas. Gloria
Oración.
Oh Dios, que has unido
las naciones en la confesión de tu nombre, concédenos que
los que han renacido por el agua del bautismo, tengan la
misma fe en sus corazones y la misma piedad en sus
acciones.
Oh Dios, que enviaste
el Espíritu Santo a los apóstoles, oye las oraciones de
tus fieles para que gocen de la verdadera paz, quienes por
tu gracia, han recibido el don de la verdadera fe. Te
suplicamos, oh Dios, que tu Santo Espíritu encienda en
nuestros corazones esa llama que Cristo trajo a la tierra
y deseó ardientemente fuera encendida.
Inflama, oh Señor,
nuestros corazones con el fuego del Espíritu Santo, para
que te sirvamos castos de cuerpo y limpios de corazón.
Enriquece, Señor, nuestros corazones derramando con
plenitud tu Santo Espíritu por cuya sabiduría fuimos
creados y por cuya providencia somos gobernados.
Te suplicamos, oh Dios
Todopoderoso y Eterno, que tu Santo Espíritu nos defienda
y habite en nuestras almas, para que al fin, seamos los
templos de su gloria.
Te pedimos, Señor, que
según la promesa de tu Hijo, el Espíritu Santo nos lleve
al conocimiento pleno de toda la verdad revelada. Por
Cristo Nuestro Señor. Amén.
NOVENA POR LA UNCIÓN DEL
ESPÍRITU SANTO
Pidamos
por una poderosa efusión del Espíritu Santo.
Cristo murió en la Cruz para que nosotros seamos
transformados por el Espíritu en hijos de Dios, participando
de su santidad. Pero debemos desearlo, pedirlo y disponernos
a recibirlo.
Rezar cada día de
la novena:
Acto de consagración al Espíritu Santo diario:
Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la
consagración absoluta de todo mi ser, que os hago en este
día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los
instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi
Director, mi Luz, mi Guía, mi Fuerza, y todo el amor de mi
Corazón.
Me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y
quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.
¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María,
según el modelo de vuestro amado Jesús.
Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al
Espíritu Santo Santificador. Amén.
Oración por los 7 dones del Espíritu
Santo
Oh, Señor Jesucristo, que antes de ascender al cielo
prometiste enviar al Espíritu Santo para completar tu obra
en las almas de tus Apóstoles y discípulos, dígnate
concederme el mismo Espíritu Santo para que Él perfeccione
en mi alma la obra de tu gracia y de tu amor. Concédeme el
Espíritu de Sabiduría para que
pueda despreciar las cosas perecederas de este mundo y
aspirar sólo a las cosas que son eternas, el Espíritu de
Entendimiento para iluminar mi
mente con la luz de tu divina verdad, el Espíritu de
Consejo para que pueda siempre
elegir el camino más seguro para agradar a Dios y ganar el
Cielo, el Espíritu de Fortaleza
para que pueda llevar mi cruz contigo y sobrellevar con
coraje todos los obstáculos que se opongan a mi salvación,
el Espíritu de Conocimiento
para que pueda conocer a Dios y conocerme a mí mismo y
crecer en la perfección de la ciencia de los santos, el
Espíritu de Piedad para que
pueda encontrar el servicio a Dios dulce y amable, y el
Espíritu de Temor de Dios para
que pueda ser lleno de reverencia amorosa hacia Dios y que
tema en cualquier modo disgustarlo. Márcame, amado Señor,
con la señal de tus verdaderos discípulos y anímame en todas
las cosas con tu Espíritu. Amén.
PRIMER DÍA
¡Espíritu Santo! ¡Señor de Luz! ¡Danos, desde tu clara
altura celestial, tu puro radiante esplendor!
El Espíritu Santo
Sólo una cosa es importante: la salvación eterna. Por lo
tanto, sólo una cosa hay que temer: el pecado. El pecado es
el resultado de la ignorancia, debilidad e indiferencia. El
Espíritu Santo es el Espíritu de Luz, de Fuerza y de Amor.
Con sus siete dones ilumina la mente, fortalece la voluntad,
e inflama el corazón con el amor de Dios. Para asegurarnos
la salvación debemos invocar al Divino Espíritu diariamente,
porque “el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues
nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas
el Espíritu mismo intercede por nosotros” (Rom 8,26).
Oración
Omnipotente y eterno Dios, que has condescendido para
regenerarnos con el agua y el Espíritu Santo, y nos has dado
el perdón de todos los pecados, permite enviar del cielo
sobre nosotros los siete dones de tu Espíritu, el Espíritu
de Sabiduría y de Entendimiento, el Espíritu de Consejo y de
Fortaleza, el Espíritu de Conocimiento y de Piedad, y
llénanos con el Espíritu del Santo Temor. Amén.
Padrenuestro y Avemaría, una vez. Gloria
SEGUNDO DÍA
¡Ven, Padre de los pobres. Ven, tesoros que
sostienes. Ven, Luz de todo lo que vive!
El don del Temor
El don del Santo Temor de Dios nos llena con un
soberano respeto por Dios, y nos hace que a nada temamos más
que a ofenderlo por el pecado. Es un temor que se eleva, no
desde el pensamiento del infierno, sino del sentimiento de
reverencia y filial sumisión a nuestro Padre Celestial. Es
el temor principio de sabiduría, que nos aparta de los
placeres mundanos que podrían de algún modo separarnos de
Dios. “Los que temen al Señor tienen corazón dispuesto, y en
su presencia se humillan” (Ecl 2,17).
Oración
¡Ven, Oh bendito Espíritu de Santo Temor, penetra en lo más
íntimo de mi corazón, que te tenga, mi Señor y Dios, ante mi
rostro para siempre, ayúdame a huir de todas las cosas que
te puedan ofender y hazme merecedor ante los ojos puros de
tu Divina Majestad en el Cielo, donde Tú vives y reinas en
unidad de la siempre Bendita Trinidad, Dios en el mundo que
no tiene fin. Amén.
Padrenuestro y Avemaría, una vez. Gloria
TERCER DÍA
Tú, de todos los consoladores el mejor, visitando
el corazón turbado, da la gracia de la placentera paz.
El don de Piedad
El don de Piedad suscita en nuestros corazones una
filial afección por Dios como nuestro amorosísimo Padre. Nos
inspira, por amor a Él, a amar y respetar a las personas y
cosas a Él consagradas, así como aquellos que están
envestidos con su autoridad, su Santísima Madre y los
Santos, la Iglesia y su cabeza visible, nuestros padres y
superiores, nuestro país y sus gobernantes. Quien está lleno
del don de Piedad no encuentra la práctica de la religión
como deber pesado sino como deleitante servicio. Donde hay
amor no hay trabajo.
Oración
Ven, Oh Bendito Espíritu de Piedad, toma posesión de mi
corazón. Enciende dentro mío tal amor por Dios que encuentre
satisfacción sólo en su servicio, y por amor a Él me someta
amorosamente a toda legítima autoridad. Amén.
Padrenuestro y Avemaría, una vez. Gloria
CUARTO DÍA
Tú, en la fatiga dulce alivio, refresco
placentero en el calor, solaz en medio de la miseria.
El don de Fortaleza
Por el don de Fortaleza el alma se fortalece ante el
miedo natural y soporta hasta el final el desempeño de una
obligación. La fortaleza le imparte a la voluntad un impulso
y energía que la mueve a llevar a cabo, sin dudarlo, las
tareas más arduas, a enfrentar los peligros, a estar por
encima del respeto humano, y a soportar sin quejarse el
lento martirio de la tribulación aún de toda una vida. “El
que persevere hasta el fin, ese se salvará”(Mt 24,13).
Oración
Ven, Oh Espíritu de Fortaleza, alza mi alma en tiempo de
turbación y adversidad, sostiene mis esfuerzos de santidad,
fortalece mi debilidad, dame valor contra todos los asaltos
de mis enemigos, que nunca sea yo confundido y me separe de
Ti, Oh mi Dios y mi máximo Bien. Amén
Padrenuestro y Avemaría, una vez. Gloria
QUINTO DÍA
¡Luz inmortal! ¡Divina Luz! ¡Visita estos
corazones tuyos y llena nuestro más íntimo ser!
El don del Conocimiento
El don del Conocimiento permite al alma darle a las
cosas creadas su verdadero valor en su relación con Dios. El
conocimiento desenmascara la simulación de las creaturas,
revela su vacuidad y hace notar sus verdaderos propósitos
como instrumentos al servicio de Dios. Nos muestra el
cuidado amoroso de Dios aún en la adversidad, y nos lleva a
glorificarlo en cada circunstancia de la vida. Guiados por
su luz damos prioridad a las cosas que deben tenerla y
apreciamos la amistad de Dios por encima de todo. “El
conocimiento es fuente de vida para aquel que lo posee” (Prov
16,22).
Oración
Ven, Oh Bendito Espíritu de Conocimiento, y concédeme que
pueda percibir la voluntad del Padre; muéstrame la nulidad
de las cosas de la tierra, que tenga idea de su vanidad y
las use sólo para tu gloria y mi propia salvación, siempre
por encima de ellas mirándote a Ti y tus premios eternos.
Amén.
Padrenuestro y Avemaría, una vez. Gloria
SEXTO DÍA
Si tu apartas tu gracia, nada puro permanecerá en
el hombre, todo lo que es bueno se volverá enfermo.
El don del Entendimiento
El Entendimiento, como don del Santo Espíritu, nos
ayuda a aferrar el significado de las verdades de nuestra
santa religión. Por la fe las conocemos, pero por el
entendimiento aprendemos a apreciarlas y a apetecerlas. Nos
permite penetrar el profundo significado de las verdades
reveladas y, a través de ellas, avivar la novedad de la
vida. Nuestra fe deja de ser estéril e inactiva e inspira un
modo de vida que da elocuente testimonio de la fe que hay en
nosotros. Comenzamos a “caminar dignos de Dios en todas las
cosas complaciendo y creciendo en el conocimiento de Dios”.
Oración
Ven, Oh Espíritu de Entendimiento, e ilumina nuestras
mentes, que podamos conocer y creer en todos los misterios
de la salvación, y que por fin podamos merecer ver la eterna
luz en la Luz, y en la luz de la gloria tener una clara
visión de Ti y del Padre y del Hijo. Amén.
Padrenuestro y Avemaría, una vez. Gloria
SÉPTIMO DÍA
Sana nuestras heridas, renueva nuestra fuerza. En
nuestra aridez derrama tu rocío. Lava las manchas de la
culpa.
El don de Consejo
El don de Consejo dota al alma de prudencia
sobrenatural, permitiéndole juzgar con prontitud y
correctamente qué debe hacer, especialmente en
circunstancias difíciles. El Consejo aplica los principios
dados por el Conocimiento y el Entendimiento a los
innumerables casos concretos que confrontamos en el curso de
nuestras diarias obligaciones en tanto padres, docentes,
servidores públicos y ciudadanos cristianos. El Consejo es
sentido común sobrenatural, un tesoro invalorable en el tema
de la salvación. “Y por encima de todo esto, suplica al
Altísimo para que enderece tu camino en la verdad” (Ecl
37,15).
Oración
Ven, Oh Espíritu de Consejo, ayúdame y guíame en todos mis
caminos para que siempre haga tu Santa Voluntad. Inclina mi
corazón a aquello que es bueno, apártame de todo lo que es
malo y dirígeme por el sendero recto de tus Mandamientos a
la meta de la vida eterna que yo anhelo. Amén.
Padrenuestro y Avemaría, una vez. Gloria
OCTAVO DÍA
Dobla la voluntad y el corazón obstinado, funde
lo que está helado, calienta lo que está frío. Guía los
pasos que se han desviado!
El don de Sabiduría
Abarcando a todos los otros dones, como la caridad
abraza a todas las otras virtudes, la Sabiduría es el más
perfecto de los dones. De la Sabiduría está escrito: “todo
lo bueno vino a mí con Ella, y riquezas innumerables me
llegaron a través de sus manos”. Es el don de la Sabiduría
el que fortalece nuestra fe, fortifica la esperanza,
perfecciona la caridad y promueve la práctica de la virtud
en el más alto grado. La Sabiduría ilumina la mente para
discernir y apreciar las cosas de Dios, ante las cuales los
gozos de la tierra pierden su sabor, mientras la Cruz de
Cristo produce una divina dulzura, de acuerdo a las palabras
del Salvador: “Toma tu cruz y sígueme, porque mi yugo es
dulce y mi carga ligera”.
Oración
Ven, Oh Espíritu de Sabiduría y revela a mi alma los
misterios de las cosas celestiales, su enorme grandeza,
poder y belleza. Enséñame a amarlas sobre todo y por encima
de todos los gozos pasajeros y las satisfacciones de la
tierra. Ayúdame a conseguirlas y a poseerlas para siempre.
Amén.
Padrenuestro y Avemaría, una vez. Gloria
NOVENO DÍA
Tú, en aquellos que siempre más te confiesan y te
adoran, en tus siete dones, desciende. Dales alivio en la
muerte. Dales vida Contigo en las alturas. Dale los gozos
que no tienen fin. Amén.
Los frutos del Espíritu Santo
Los dones del Espíritu Santo perfeccionan las
virtudes sobrenaturales al permitirnos practicarlas con
mayor docilidad a la divina inspiración. A medida que
crecemos en el conocimiento y en el amor de Dios, bajo la
dirección del Santo Espíritu, nuestro servicio se torna más
sincero y generoso y la práctica de las virtudes más
perfecta. Tales actos de virtudes dejan el corazón lleno de
alegría y consolación y son conocidos como frutos del
Espíritu Santo. Estos frutos, a su vez, hacen la práctica de
las virtudes más activa y se vuelven un poderoso incentivo
para esfuerzos aún mayores en el servicio de Dios.
Oración
Ven, Oh Divino Espíritu, llena mi corazón con tus frutos
celestiales: caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad,
bondad, fe, mansedumbre y templanza. Que nunca esté yo
cansado en el servicio de Dios sino que, por continua y fiel
sumisión a tu inspiración, merezca estar eternamente unido
Contigo, en el amor del Padre y del Hijo. Amén.
Padrenuestro y Avemaría, una vez. Gloria
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